Eduardo Úrculo

Eficacia visual, orden compositivo y habilidad colorística. Contactos anecdóticos con cierto erotismo llegado al arte pop desde las mitologías promocionadas por los “mass media”, por un folklore industrializado de nuestro tiempo que fabrica y divulga un surtido masivo de imágenes erotizadas.

Hace falta un gran esfuerzo de refinamiento para instalar el tema en niveles “dignos”. Es evidente la dificultad de abordarlo sin eludir sus peligros y lanzarlo hacia campos donde la sensualidad, el sexo y hasta lo concupiscente pueden ser dimensiones capaces de revelar horizontes y abismos humanos. Lo sensual y lo complejo, la carne, lo voluptuoso. Juego de tentaciones que ofrece a la imaginación para la que, las obras sean fundamentalmente proposiciones de una historia en la que el artista y el espectador-a participan paralelamente, como si la pintura fuera el doble compromiso de entendimiento en torno a una imagen. Con estas palabras podríamos hablar de la etapa más prolífera, interesante y notoria de Eduardo Úrculo, la erótica, ahora bien, su producción va más allá y no seremos nosotros quienes la obviemos.

ÚRCULO FERNÁNDEZ, EDUARDO
Sin título, 1971
Acrílico y porpurina sobre lienzo, 182 cm x 130 cm

El sensualismo visual de la pintura de Úrculo ya se dejaba notar en sus obras de juventud, donde a pesar de ínfimos fallos de juvenil petulancia, el color se mostraba brioso y opulento. Desechada la temática de los primeros años, su atención inicial se centró en la vida de los mineros langreanos, las chabolas, mujeres de derramados andrajos, y miseria, alertando sus inquietudes, en obras de expresionismo caricaturizado.

Nada tuvieron que ver con esta etapa las obras de su estancia en Paris, donde en 1958 y arrastrado por la moda de los paisajes urbanos parisinos, se dejó influenciar por la obra de Miguel Utrillo. Ya de vuelta a España, Úrculo consigue el reconocimiento de su pueblo y continua con su obra parisina, ahora bañada por los colores del paisaje asturiano, sin olvidar eso si, ciertas incursiones de temática moderna.

A principios de los 60 y durante su ya breve estancia en Tenerife, la influencia informalista que tuvo Westerdahl en Eduardo Úrculo, dejará ecos durante toda la década. En 1962 se produce un giro definitivo en su haber creacional, que le conduce hacia una pintura de cuño satírico, cuyos elementos mágicos y lúdicos, nos hace pensar en una pintura fantástica. Relacionados con la exterioridad religiosa y el folklorismo taurino del pueblo español, constituyen piezas pictóricas de gran belleza. Dicho folklorismo irá desapareciendo poco a poco, ensombreciéndose con matices satíricos y caricaturizando la “activa sociedad” de la época. La parcela social en la obra de Úrculo abarca toda la década de los 60, los rasgos humanos que presentaban sus personajes al principio de esta etapa, van decantándose hacia la ferocidad, la fealdad, que bien nos recuerda a los postulados de Goya.

ÚRCULO FERNÁNDEZ, EDUARDO
Mediterráneo, 1973
Acrílico sobre lienzo

En 1970 se inicia una nueva etapa en la producción pictórica de Úrculo, la más conocida, “la erótica”. El escándalo acompañó las primeras producciones, a pesar de que en ellas apenas aparecía la pornografía, que se dejará ver poco a poco, cubierta de rasgos satíricos que cubrirán su carga morbosa. Se trata de una pintura erótica de protesta, como el resto de su producción, la desmitificación de lo erótico aparece en ella prendida a los garfios de la exaltación sexual que condiciona su sociedad actual, al vaciar de contenido espiritual el amor, y entronizar en su lugar la primacía del deseo carnal.

En los primeros cuadros de esta etapa casi nunca aparece entero el cuerpo de la mujer, de formas planas y color brillante, traseros y piernas acaparan el interés del pintor. Con la evolución del periodo las formas femeninas se presentan cada vez más voluptuosas y la ornamentación se vuelve más barroca en telas y cojines. En la arquitectura de los espacios, se vislumbra cierta influencia modernista reelaborada, de acusado talante plástico. Tal y como el erotismo va adquiriendo madurez, se le añaden nuevos personajes, como mariposas, perros, gatos o los cisnes que reviven el mito de Leda. Su pintura, siguiendo los postulados del pop art, abandona el óleo por los acrílicos de colores más cálidos, en un estilo próximo al del cómic.

ÚRCULO FERNÁNDEZ, EDUARDO
El árbol residente en la mente humana, 1973
Acrílico sobre lienzo

Úrculo se enfrenta a la moda de la pérdida del placer y de la belleza y hace la restauración vital de la sensualidad, del gusto erótico y de la conformación de los móviles de la felicidad, regresando de manera novísima a las telas y a las nalgas de la historia del arte. Se trata no solamente de la libertad sino de una actitud provocativa, positiva, de cooperación a una apertura que pone en paz a la humanidad con los juegos de la propia carne y el reconocimiento de los denigrados aspectos del placer. La mujer, observada por el espectador-a, toma ahora las riendas, se muestra activa y decidida a conocer y practicar su sexualidad. Las telas históricas toman un aire sicodélico emparentado con la sociedad de la época, que no enmarcan la historia sino que se convierten en líneas ascendentes de carácter cósmico.

Exaltación del cuerpo femenino, cuerpos anónimos que poseen relieve y fuerza humana, que rebosan vitalismo y placer, mujeres sin rostro, de las que conocemos todos los resquicios de su cuerpo pero de las que su identidad oculta sustenta el diálogo entre el pintor y su modelo.

En 1975, la etapa erótica, sufre un sorprendente cambio que coincide con el embarazo de su esposa. La figura de la mujer es ahora substituida por la presencia de las vacas, bajo el simbolismo de la fecundidad, estas, serán tratadas en la misma línea pictórica en la que lo habían sido las mujeres, resaltando así su carácter sagrado. A finales de los 70, de nuevo habrá una substitución, la sacralidad de las ubres dará paso a jugosas frutas, naturalezas muertas, que acaban cerrando un ciclo pictórico, alegórico y simbólico que plasma la realidad y los deseos del artista. A pesar de lo que se pueda pensar las obras de estos años no fueron tan banales, y más teniendo en cuenta la situación política de la España de aquella época, en palabras del artista:«Mis trabajos de entonces participaban de algún modo de la llamada “revolución sexual”, tenían un propósito de lucha, de autoafirmación frente a un sistema represivo».

ÚRCULO FERNÁNDEZ, EDUARDO
La gran vaca, 1982

A partir de los años ochenta, los motivos autobiográficos irán desplazando paulatinamente a los anteriores. La soledad del hombre moderno, la figura del viajero errabundo o la relación del artista con su obra, quedará plasmada en el lienzo a través de esos inquietantes personajes -álter ego del propio artista-, ataviados con sombrero y siempre de espaldas al espectador. Figuras ensimismadas y de mirada ausente, serán según su autor, una representación existencial del hombre que convertirán a la maleta y al sombrero en sus dos grandes iconos. En 1984 realizó sus primeras esculturas en bronce. Sin abandonar nunca la pintura, la escultura irá ocupando, sobre todo a partir de la década siguiente, un papel cada vez más relevante en su actividad. En estas piezas, reproducirá en bronce fundido algunas de las imágenes más significativas de su repertorio: sillas vacías, maletas, paraguas, sombreros, etc.

En los últimos años, y fruto de la admiración que sentía por las estampas japonesas, nació una serie de obras de temática oriental que tenían como protagonista la figura de la geisha. A diferencia de épocas pasadas, no representará a la mujer oriental desnuda, sino vestida con el tradicional kimono. Esta vestimenta, en cierto modo, será un pretexto en el que proyectará geométricos y rítmicos juegos compositivos.

Nacido en Santurce en 1938 Eduardo Úrculo se convirtió en un pintor determinante en la historia de la vanguardia en España. Impulsor del pop art en nuestro país, fue, junto al desaparecido Equipo Crónica, uno de sus máximos representantes. Aunque a lo largo de su trayectoria artística pasó por diversos estilos, desde el expresionismo social de sus inicios hasta el neocubismo de algunas pinturas de los últimos años, fue dentro de la corriente del pop art donde su obra se manifestó con un lenguaje más audaz y personal.

ÚRCULO FERNÁNDEZ, EDUARDO

A lo largo de su vida realizó un sinfín de exposiciones individuales, colectivas y bienales en España, Alemania, Francia, Cuba, Irán y Estados Unidos entre otros. Su obra se muestra en los museos de arte moderno más importantes del mundo y figuran en las más importantes colecciones particulares de Europa y América.

Finalmente el 31 de marzo del año 2003, fallece en Madrid, a los 65 años. Sus últimos planes eran exponer en la galería Salander O’Reilly de New York. Asimismo, la Casa Real tenía previsto entregarle la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

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